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lunes, 12 de noviembre de 2012

Nada más que una mentira.- (Cuento)


Nada más que una mentira.     ( de Ada Ortiz Ochoa- Negrita)




Marisa da retoques a su maquillaje. Se mira con ojos críticos. ¡Está bien! Luce atractiva.

- ¡Ya vaaaa!- grita al escuchar el timbre.

Cuando abre la puerta lo hace saltando sobre un solo pie porque no se ha terminado de calzar.

Entra Jacinto.

-¿Terminaste de arreglarte recién?- le pregunta con bondad, bebiéndose con los ojos a su preciosura de novia.

-¡Uf ! ¡Nooo! ¡Hace como dos horas! Mientras te esperaba me puse a leer.-

-¡Pero...no te habías calzado todavía!.- dice mientras observa que solo tiene un zapato puesto.

-¡Me calcé hace un rato! Pero mientras te esperaba me los saqué.- un beso rápido y va a buscar el abrigo.

-¿Qué leías?-

-¡Algo de Borges!-

-¿Qué obra es? No veo ningún libro por aquí-

-¡Recién lo guardé!-

-¿Me lo puedes prestar, no?-

-¡Te va a aburrir! Seguro que no te gustará.-

-¡Bueno! ...es lo mismo. Te espero.-



Marisa se ríe mirándose en el espejo. ¡ Es tan fácil convencer a Jacinto!

Nació en un hogar común. Se crió sin sobresaltos. Allí no hubo gritos ni escenas deplorables. La ternura y el respeto campeaban como sutil rebozo cubriendo de placidez todos los días.

Infinidad de personas gozarían en ese ambiente en el colmo de la felicidad. Pero Marisa no.

Odia la rutina. Prefiere la aventura. Todo lo que la haga vibrar como las cuerdas de una guitarra en la que se ejecuta flamenco. Para empeorar todo...Jacinto es como agua de pozo: quieto.

Salen. En primer término van a la modista. Más tarde están en la mueblería. Mientras esperan conversan.

Ella lo hace con frivolidad, en cambio a Jacinto se lo ve super- enamorado.

-¿Cuántos vestidos encargaste a la modista?- pregunta él.

-¿Me estás controlando? ¡Uno! ¿Cuántos voy a encargar?- responde con tono ofendido. Jacinto a modo de disculpa le dice:

- Como demoraste casi dos horas....pensé que eran varios.-

-¡Qué idea! ¡Por favor!-

Marisa sabe que son varios.

Y también sabe que no lee a Borges, que nunca está lista dos horas antes, que le salen bien las mentiras, que la gente es en general crédula y que ella...¡Se divierte un montón!

Cuando les toca el turno y son atendidos, cada uno se interesa por un modelo distinto. Por supuesto adquieren el que agradó a Marisa.



Ya casados y viviendo en el nuevo hogar, Marisa descubre una vez más que Jacinto le aburre.

-¿Vino tu mamá?- pregunta Jacinto.

-¡Nooo, no vino. Tuvo que viajar.- (en realidad vino temprano y quedaron de encontrarse en el centro.)

Otro día: -¡Yo quería comer milanesas!- dice Jacinto.

-¡Busqué carne por todos lados y no encontré!- (Lo que ocurre es que engordan y si traigo me tiento.)

- ¿Me llamó alguien por teléfono?-

-¡ No! ¡Nadie!- (Mientras menos idiotas vengan, habrá más lugar para gente divertida.)

Así, con la suegra, con su madre, con Jacinto y los vecinos...Pronto se va desdibujando para Marisa lo que es la realidad, de la fantasía estúpidamente fabricada por ella. Consigue lo que quiere: manejar a las personas a su antojo.



Marisa cumple con su último capricho. Ahora trabaja. Miles de mujeres hacen lo mismo en forma responsable, pero para Marisa es lo nuevo, la excitación de conocer gente diferente.- ¡Escapar del hogar y de la adoración cansadora de Jacinto!-

Se sabe linda y siente las miradas codiciosas de algunos de sus compañeros de trabajo. Coqueta e irresponsable disfruta de su libertad. Entre todos es Jorge el más audaz y el que realmente le agrada.

- ¡Marisa! ¿Vamos juntos? Vivimos en el mismo barrio y está como para caminar por horas..-

Marisa acepta y es Jorge su compañía diaria.

-¿Viniste sola?- pregunta Jacinto. Es una excusa para conversar de algo con su brillante esposa.

-¿Con quién quieres que venga? ¡Sola! ¡Mirá si voy a venir con alguien!- Jacinto mira desconcertado.

A veces hace una pregunta porque le duelen los silencios. No porque dude de ella...la ama como el primer día.

Ella adopta actitudes cada vez más desenfadadas. Hay ausencias significativas, llamadas telefónicas, contesta con una réplica airada a cada pregunta o comentario de Jacinto.

Mientras los tonos de los chismes queman veredas y pasillos...pero no llegan a oídos del buen hombre.



Una tarde Marisa llega antes. Se sorprende al encontrar a su esposo a esa hora. Para esto Marisa, ha cambiado de vestuario y luce abiertamente provocativa.

-¿Vos aquí?-

- ¡Sí, querida! Mi jefe viajó y nos dio las dos últimas horas libres.- se quedó mirándola atentamente.

-¡Mírame! ¡A los ojos!- dice Jacinto.

Marisa algo asustada piensa:" -¿Qué querrá este idiota? ¿Descubrir la verdad en mi mirada?-"

- Esas pestañas...¿siempre las tuviste así?- miró a Marisa asombrado, sin darse cuenta que eran postizas.

Ella, acostumbrada a mentir y a que en seis años de matrimonio nunca había sido descubierta, dice sin titubear:

-¡Pero sí! ¡Siempre fueron así de largas! ¡Lo que pasa es que cada día te fijás menos en mí!- con semejante reproche el noble Jacinto se acordó de traer flores y bombones durante un mes seguido...hasta que su presupuesto estuvo en rojo.



Es de noche. Marisa entra. La casa está a oscuras. El saco de Jacinto está sobre el sofá. Se respira un clima tenso en el departamento. Solamente la luz del baño está encendida.

- Lo sabe todo.- se dijo Marisa.

Piensa en la furia de los mansos comentada tantas veces y en los afilados cuchillos japoneses de la cocina. - ¿Y si los controlo antes? - no se animó.

Recuerda la pistola que está en el cajón de la mesa de luz y siente escalofríos.

Decide enfrentar lo que sea y entra al baño como si nada.

Jacinto tiene las manos en la espalda...y la espera.

-¡Sabía que eras capaz de mentirme!- bramó.

A Marisa le parece ver el arma a través del hombre, percibir su brillo, su brillo metálico.

Rompe a llorar desconsoladamente confesándole todas sus infidelidades y mentiras. Lo hace pesando que son sus últimos minutos de vida.

Jacinto la escucha perplejo.

Cuando termina de hablar Marisa, él adelanta una mano que sostiene una pestaña postiza y le dice con tono compungido.

-¡Yo sabía que eran postizas!-

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Referencia

* Tercer Premio en Cuento Certamen Nacional "Alvear Abrazo de Caminos" Gral Alvear. Mendoza- !996.

* Mención Especial en Cuento- Certamen Patagónico "Muestra de Trabajos Literarios "Biblioteca Manuel R. Novillo"- Año 1996.

Esta obra integra mi primer libro “Esperá que te cuento”- Año 2000.- Presentado en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires- Argentina-

sábado, 13 de octubre de 2012

Tristeza- poesía.


Esta tristeza en mis ojos

dibuja ciénagas de olvido
cuando el amor se pega en las paredes
y el grito se muere en el silencio.


Vida,
acaso la luz, acaso la sombra
sabiduría de milenios
encajes del tiempo estas huellas.



Soledad, araña tejedora
cubres implacable con tu red
impiadosa, envolvente
premeditada
atrapas la esperanza


y allí la dejas.



Ada Ortiz Ochoa- Sierra Grande- Río Negro- Patagonia Argentina.

lunes, 8 de octubre de 2012

Tener amigos.

Tener amigos.-

Tener amigos significa muchas cosas. Ser accesible, brindarte y sentir cariño por las personas, es decir por los seres y las cosas que nos rodean. Vivir en armonía con el mundo que nos contiene a todos. Saber recibir los reveses de la vida y las alegrías con una actitud digna, de paz y de sosiego. Es saber querer y saber transmitir ese cariño. Tengo amigos de toda edad, de hace cualquier tiempo atrás y también recientes. Son variados, personas de cualquier edad, fortuna, modalidad y característica. Pero hay muchos más amigos, algunos hablan, otros cantan y saltan de rama en rama, otros ladran o maúllan, otros silban cuando son viento, otras caen desde el cielo cuando son lluvia. Otros se llaman pasado, presente y futuro. Pero hoy, mi estrella es mi amiguita muy pequeña, que espera en mi puerta, una masita y mi cariño.

Dar Gracias a Dios.


   Reconocer en nuestra vida de todos los días la Presencia Viva de Dios, es un don, es tener la mirada diferente. Salir de lo chato de la rutina. Es tener Esperanza y saber Confiar en el Creador.

domingo, 26 de agosto de 2012

Don Machado (Cuento)


DON MACHADO-




Se adelanta al grupo.

Saca del bolsillo del saco, un papel que está prolijamente doblado. Con lentitud acomoda la solapa del bolsillo.

Así ha preservado el pequeño pero significativo homenaje que ha redactado la noche anterior.

Carraspea ligeramente y recorre con la mirada el compacto grupo que rodea el féretro. Después de asegurarse de haber concentrado la atención de los presentes, comienza con voz pausada y clara.

-¡Don Machado! La Sociedad que usted tan dignamente ha presidido durante la última década.....!- Juan continúa con énfasis detallando la soberbia personalidad de este hombre que ahora yace, inerte, en el oscuro reducto de buena madera, que, pequeño y sellado, luego de finalizado los discursos, es bajado lentamente a la fosa abierta.

Juan, no puede evitar un leve estremecimiento, mientras piensa:

-¡Ésta siempre nos espera!- se refiere a la tierra- ¡No tiene apuro! ¡Simplemente abre las fauces y recibe!-

No sabe qué le pasa. Otras veces toma con más filosofía la circunstancia de despedir a un vecino o conocido, también esto de concurrir al simple acto social que rodea algo tan inexplicable como la vida y la muerte.... Hoy está nostálgico.

Es de tarde. El predio de Jardín de Paz, se extiende como una sábana de fresco césped, interrumpido por las losas y cruces que identifican cada lugar y su pertenencia. Los árboles del costado se alargan en sombras con los últimos rayos plenos de este día,....que al fin de cuentas, es un día más.

Un jolgorio de gorriones y calandrias ponen la nota ruidosa en medio del silencio de los presentes. Todo le llama la atención a Juan. Entonces se fija en la pequeña y frágil mujer, que es sostenida por manos que parecen protegerla y guiarla con gran cuidado. Es Doña Beatriz, la esposa de Don Machado.

Juan se acerca y la saluda con emocionado respeto.



Han pasado seis meses, cuando se entera que la enfermedad y la muerte golpearán nuevamente a la familia Machado. Beatriz está gravemente enferma. El mismo día que Juan se entera de la triste novedad, recibe la visita del mayor de los hijos de Machado y Beatriz.

-¡Hola, Juan!- y agrega con tono apesadumbrado- ¿Sabes lo de mamá, verdad?- el breve y afectuoso saludo demuestra la amigable relación que los une.

-¡Sí, lo sé! Si puedo ser útil en algo...-

-Vengo por ese motivo. Me envía mi madre, quiere que vayas.- Juan mira interrogante a Mario, que es un gigantón serio y bueno, además de gran trabajador.

-¿Doña Beatriz me llama? ¿Ella te pidió que vinieras?- Juan siente una profunda tristeza, mezcla de impotencia e incredulidad. Mario afirma cabizbajo. Han crecido juntos, con Mario que tiene su misma edad y con los dos menores José y Joaquín.

Juan, desde muy niño, siente que cada vez que ve a Doña Beatriz, algo se detiene dentro suyo. Como si se instalara el silencio en su corazón. Esa mujer frágil y dulce, no parece tener nada en común con la rotunda personalidad de Don Machado, ni con la saludable presencia de los hijos.

-Mario...¿qué edad tiene Doña Beatriz?- le cuesta asociarla a una enfermedad terminal.

-¿Mamá? Tiene cincuenta, veinte años menos que papá. ¿Qué le digo? ¿Vienes?-

Juan, no duda en acompañar a Mario. Mientras, se pregunta de el por qué de ese llamado.

Cuando llegan, Mario se adelanta haciendo un gesto de espera para Juan. A los pocos segundos regresa y hace pasar a su amigo.



Beatriz, rodeada de blancos almohadones bordados, es una figura pálida y pequeña. Aún en la enfermedad tiene la belleza admirable de siempre.

-¡Gracias por venir, Juan!- con un leve ademán, pide gentilmente quedar sola con el joven.

La emoción pugna por manifestarse en lágrimas, que Juan contiene a duras penas. Opta por tomar la mano que Beatriz le extiende y la sostiene entre las suyas intentando transmitirle calor.

-Juan, sabes que todos te queremos mucho. Don Machado también, siempre te consideró otro hijo más. ¿Sabes de mi enfermedad, verdad?- lo dijo así nomás, sin vueltas.

A Juan le pareció recibir un puñetazo en el pecho.

-¡Sí, Doña Beatriz! Pero siempre hay una esperanza....- calló sin saber qué decir, mientras, ella sonríe enigmática, como quien ve más lejos que el resto. -¿Qué puedo hacer por usted?-

La enferma señala un mueble y le pide a Juan:

-En el segundo cajón al fondo, hay un secreter de madera, tráelo.- Juan obedece al instante.

-Detrás del crucifijo éste- dice señalando la cruz que está sobre el espaldar de la cama – cuelga una llave. Sácala.-

Una vez abierto el cofre- secreter, Juan ve un cuaderno de muchas hojas. Al abrirlo comprueba que está casi lleno.

-¡Llévalo, Juan! Pero debe mantenerse reservado para vos y yo. Para nadie más. No deben conocerlo, es mi voluntad ¿me lo prometes?- Juan va de sorpresa en sorpresa. Ella continúa:

-Quiero que escribas la historia de la vida de mi esposo, Don Ernesto Machado. Ahí está todo anotado. Lo han pedido de la Sociedad donde él fue Presidente por varios años. Debes escribir todo lo que enaltezca a quien todos conocieron y respetaron.- la presión del diálogo parece debilitar a Beatriz, mientras, Juan siente que el sudor corre por su espalda. Ella continúa:

-Juan, no sé cómo explicarlo..., en ése cuaderno escribí muchas cosas que no deben darse a conocer. Escribí lo que no podía contar a nadie..., pero que he perdonado. Recuerda que debes transcribir solamente lo que sea respetable y digno de admiración. Tengo tu promesa, hijo.-

Beatriz parece haber agotado las energías. Juan se apresura a guardar el cuaderno y lo sostiene abrochando

su abrigo.



Está posesionado en la lectura del legado de Beatriz, que sigue resistiendo a su enfermedad. Han pasado dos meses y Juan continúa sorprendido por el contenido del cuaderno.

Es lógico que la mujer haya confiado en él, por cariño, por valoración y afinidad, pero es que además, cuenta con prestigio como escritor, es reconocido por la calidad de sus trabajos que le han dado permanente satisfacción. Don Machado recurrió frecuentemente por un discurso, para escucharle leer algún nuevo cuento, o para compartir las poesías que surgían ante cualquier motivación... ¡Ah! También, por los poemas que acostumbró regalar a Beatriz.

Esto último ocurrió desde que Juan comenzó a escribir a los quince años y Don Machado a deslumbrarse con los resultados de obsequiar una poesía, aunque no fuera suya.

La noche que terminó de leer la totalidad de lo escrito por Doña Beatriz y de extractar mentalmente lo que debía ser aceptable..., Juan no pudo dormir. -¡El canalla de Don Machado! ¿Entonces, Beatriz siempre lo supo?

¡Y yo creía que nada había perturbado la vida de Beatriz!-



Al otro día, va a visitar a la enferma. Como en la otra oportunidad, quedan solos. Pero ahora, la conversación lleva más tiempo por la pronunciada debilidad de Beatriz, que le dice:

-Ya lo sabes todo, Juan. No dejé de enterarme, por supuesto, que a Don Machado lo retiraron muerto de la casa de ésa mujer. Conocí que hubo otros amoríos y sé que hubo otros hijos. Pero ¿sabes? Él siempre regresó a mí, fui lo principal en su vida...., hay algo más. Lo admiré siempre. Yo tenía quince años, cuando nos casamos, y él treinta y cinco. Me amó cada día de nuestra vida en común, nunca tuvo para conmigo una palabra grosera o desatenta. Me rodeó de cuidados y estaba contento cuando me sorprendía ocupada en las tareas de mi agrado, como interminables bordados, la atención de mis plantas, mis dibujos o cualquier entretenimiento que fuera de mi gusto. Siempre tuve autoridad para decidir y él aceptaba todo. La rutina de la casa y las tareas pesadas las realizaban las personas de servicio. -

El rostro totalmente dulcificado por la evocación, resplandece en su palidez.

-¿Pero, ¿usted, Doña Beatriz, le perdonó todas sus infidelidades? Más aún, sabiéndolas ¿nunca le hizo ningún reproche?- otra vez aparece la sonrisa sabia.

-Juan, ¿has conocido...?, mejor dicho ¿ no has vivido todavía un gran amor?- él niega con la cabeza.

-¡Cuando llegue el momento me comprenderás mejor!- agotada deja de hablar y Juan llama para que la atiendan.



Medita sobre todo lo escuchado que ha tomado una dimensión diferente. ¡Qué difícil situación cae sobre su responsabilidad! Si nada hubiera sabido hubiera escrito sobre la personalidad pública del Presidente. Pero..., ahora sabía.

Resultó que, Don Machado, el hombre emprendedor y fuerte, terminante en sus decisiones y casi inflexible en su autoridad. El hombre símbolo del ganador solvente y con prestigio, al que nadie puede adjudicar los errores de un hombre común que se debate entre limitaciones, estuvo siempre amparado por la fortaleza de Beatriz. ¿Qué? ¿Hay algo que no concuerda? ¡Así que la pequeña Beatriz es la gestora del incomparable, Don Machado!

Beatriz, el misterio y la sonrisa. Sólo ella conoce al hombre. Es la que perdona cien veces y otras más... La que no se desmorona en los momentos difíciles y ayuda a su Goliat falible y débil, para que adquiera la suficiente prestancia para recibir los honores y homenajes que los hombres y la sociedad gustan brindar a los poderosos.

Juan, mientras escucha a Beatriz, en esas extrañas y exclusivas entrevistas, pregunta con la mirada, sin palabras, ¿por qué lo hace? ¿Cómo puede, cómo lo logra? Ella entiende las mudas preguntas, pero no las contesta, solo sonríe.

Una semana más y el trabajo está listo. De acuerdo a las indicaciones recibidas, entrega la pequeña obra a la Sociedad que la ha solicitado. Mientras, Beatriz agoniza.



Juan, parado junto a otros, despide los restos de Beatriz. Lo hace en silencio, no necesita palabras. Mario se acerca a él.

-Juan, mamá quiso que te entregáramos esto.- se trata de un pequeño sobre blanco que no tiene nada escrito en el exterior.

Se retira unos pasos, abre el sobre y encuentra un papel donde, con letra pequeña y temblorosa, Beatriz ha escrito:

“Gracias, Juan. Recuerda que, el perdón siempre es fruto del amor.”


Ada Ortiz Ochoa (Negrita)
Sierra Grande- Río Negro- Patagonia Argentina.

martes, 21 de agosto de 2012

Un viaje al corazón de mis deseos

Querida Ester, conozco el respeto y apego que tienes a tus raíces árabes. He comprobado que tus sueños son el resultado de lo que late en tus venas, te endulza el alma e inunda tu corazón.
    Tu ansiado viaje hacia tus raíces lo viviste anticipadamente con una felicidad que se escapaba de todo tu cuerpo, de tu corazón y de tu mente, por eso me emociona tu escrito que es el espejo de tus sentimientos.
    Excelente trabajo, te felicito Ester.

Ada Ortiz Ochoa (Negrita)

jueves, 16 de agosto de 2012

Sierra Grande, gris de invierno y lluvia.



LLUEVE


(Ada Ortiz Ochoa –Negrita)



En esta tarde aletargada y gris

la lluvia me dijo cosas,

que murmuró en mis oídos,

con manso calor acarició mi alma.

Entonces

me sentí renovada y libre,

fui un ave más en una bandada

bulliciosa y ligera en el cielo diáfano,

dibujando signos y palabras

con cada giro elegante y sobrio.

Desde niña la lluvia amiga

prepara un concierto sólo para mí,

y yo me entrego a imaginar

canciones de gotas repiqueteando

en cornisas, techos y balcones.

Pero en esta tarde me trajo sentires,

describió tu soledad y mi cansancio,

arrancó hojas amarillas, pegándoles

en el cristal de mi ventana.

La lluvia me dijo cosas

y yo le contesté: quiero luchar.

La vida continúa y esta lluvia cristalina,

hoy, está lavando mi alma.



martes, 14 de agosto de 2012

Un héroe de novela. (cuento)

¿Un héroe de novela?




Mariano sacó un libro de la Biblioteca popular de la que era socio. Pidió uno de acción y la encargada eligió una novela de Wilbur Smith. Necesitaba elaborar un personaje con las características del héroe tradicional. El secundario nocturno que cursaba a los cuarenta y siete años, le daba cada sorpresa que no ganaba para sustos.

Cuando llegó a su casa era hora bien entrada de la noche. En cuanto apareció en la cocina vio a Nora, su esposa, de rodillas, rodeada de trapos de pisos, un balde y un secador.

¡Mariano! ¡Hola, viejo....! Perdoná, sé que vuelves cansado, pero acá tengo un inconveniente y te pido que lo soluciones. El caño de desagüe está tapado..., y ¡no sé si no está roto! ¡Llegaste justo!- era algo curioso y cotidiano que siempre llegara justo para solucionar problemas, le ocurría en todos lados.

Una hora larga le llevó solucionar el desperfecto. Pensó que un buen baño le sacaría del cuerpo todo el cansancio acumulado. Pero cuando cruzó el pasillo vio luz en el cuarto de su hijo.

-¿Qué haces, Luisito? ¡Cómo! ¿Todavía con los deberes!- su hijo con cara de sueño y de hastío, se lamentó:

-¡Ufa! ¡La señorita nos pide noventa cosas todos los días! Como no llegabas tuve que esperarte...Tengo que entrevistarte, papá.-

-¿Quéee? ¿Entrevistarme? ¿para qué?-

-La tarea dice: “Cuenta cómo transcurre un día en la vida de tu papá”- Lusito se quedó mirándolo, esperando una respuesta.

A esta altura de la noche, Mariano ya no rebobinaba ni la última media hora.

-¿Tiene que ser hoy?-

-Sin falta. Debo entregarlo mañana.-

Le pareció sentir un camión con cinco toneladas de carga cayéndole sin piedad sobre su cabeza y su espalda. Una sucesión de actividades y recorridos que debían ser ordenados cronológicamente, desfilaron por su mente agotada.

¿Cómo reducir a pocos renglones lo hecho durante el día?

Mentalmente hizo el recorrido de imágenes mientras Luisito espera paciente unos segundos y luego sigue con otra tarea.

“Me levanté a las cinco de la mañana, me bañé en diez minutos. Caminé veinte cuadras hasta el garaje donde relevo al cuidador hasta las siete cincuenta y cinco. Dejo con el tiempo justo, para entrar cinco minutos después en la Empresa de Transportes donde trabajo por la mañana. Todo el tiempo cargué cajones en los camiones que debían salir. No paré ni para comer mi merienda. Se hizo mediodía. Corrí hasta la parada del colectivo que me llevo hasta la estación de ferrocarril.

En el trayecto recién pude comer mi merienda. Hice cola media hora, para no perder la combinación y poder llegar a tiempo a mi otro empleo, el de la tarde. Pude lograr un asiento en los vagones abarrotados de pasajeros, laburantes como yo...

Me obligué a cerrar los ojos para descansar algunos minutos e intentar alejar la imagen de hombres y jóvenes peligrosamente colgados de puertas, ventanas y de cualquier saliente de los vagones.

Me despertó el ronroneo de la alarma de mi reloj pulsera y empleé el tiempo siguiente en estudiar. No dispondría de otro momento para hacerlo.

Una hora y media después, llegamos a la terminal. Recorrí a tranco largo la distancia hasta mi otro empleo, el de la fábrica de mosaicos. Cumplí mi horario hasta las diecinueve, media hora después ya estaba en la escuela. Me dieron permiso en el recreo para comprar en el negocio de la esquina el regalo de cumpleaños para mi esposa. Mi regalo para Nora, mi fiel compañera, mi valiente mujer...

A las veintidós salgo de la escuela, Llego a casa, arreglo la cañería...” - se da cuenta que está durmiéndose parado. Reacciona con esfuerzo.

Ayuda a Luisito y reduce su actividad diaria a dos respuestas.

-Mi papá se levanta temprano y se acuesta tarde.

-Tiene dos empleos y estudia.



Luego de la reparadora ducha intenta leer después de recibir el beso agradecido de Nora por el regalo. Es un libro de aventuras y desea sentirse atrapado por el relato, pero el sueño lo vence, aunque logra reflexionar antes:

-¿Cómo puedo llegar a ser un héroe en pleno siglo XXI, si no tengo a mano barcos, rinocerontes, ni leones, ni tribus caníbales, ni piratas, ni pirañas, ni selvas vírgenes....zzzz, como Wilbur Smith?-