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lunes, 12 de noviembre de 2012

Nada más que una mentira.- (Cuento)


Nada más que una mentira.     ( de Ada Ortiz Ochoa- Negrita)




Marisa da retoques a su maquillaje. Se mira con ojos críticos. ¡Está bien! Luce atractiva.

- ¡Ya vaaaa!- grita al escuchar el timbre.

Cuando abre la puerta lo hace saltando sobre un solo pie porque no se ha terminado de calzar.

Entra Jacinto.

-¿Terminaste de arreglarte recién?- le pregunta con bondad, bebiéndose con los ojos a su preciosura de novia.

-¡Uf ! ¡Nooo! ¡Hace como dos horas! Mientras te esperaba me puse a leer.-

-¡Pero...no te habías calzado todavía!.- dice mientras observa que solo tiene un zapato puesto.

-¡Me calcé hace un rato! Pero mientras te esperaba me los saqué.- un beso rápido y va a buscar el abrigo.

-¿Qué leías?-

-¡Algo de Borges!-

-¿Qué obra es? No veo ningún libro por aquí-

-¡Recién lo guardé!-

-¿Me lo puedes prestar, no?-

-¡Te va a aburrir! Seguro que no te gustará.-

-¡Bueno! ...es lo mismo. Te espero.-



Marisa se ríe mirándose en el espejo. ¡ Es tan fácil convencer a Jacinto!

Nació en un hogar común. Se crió sin sobresaltos. Allí no hubo gritos ni escenas deplorables. La ternura y el respeto campeaban como sutil rebozo cubriendo de placidez todos los días.

Infinidad de personas gozarían en ese ambiente en el colmo de la felicidad. Pero Marisa no.

Odia la rutina. Prefiere la aventura. Todo lo que la haga vibrar como las cuerdas de una guitarra en la que se ejecuta flamenco. Para empeorar todo...Jacinto es como agua de pozo: quieto.

Salen. En primer término van a la modista. Más tarde están en la mueblería. Mientras esperan conversan.

Ella lo hace con frivolidad, en cambio a Jacinto se lo ve super- enamorado.

-¿Cuántos vestidos encargaste a la modista?- pregunta él.

-¿Me estás controlando? ¡Uno! ¿Cuántos voy a encargar?- responde con tono ofendido. Jacinto a modo de disculpa le dice:

- Como demoraste casi dos horas....pensé que eran varios.-

-¡Qué idea! ¡Por favor!-

Marisa sabe que son varios.

Y también sabe que no lee a Borges, que nunca está lista dos horas antes, que le salen bien las mentiras, que la gente es en general crédula y que ella...¡Se divierte un montón!

Cuando les toca el turno y son atendidos, cada uno se interesa por un modelo distinto. Por supuesto adquieren el que agradó a Marisa.



Ya casados y viviendo en el nuevo hogar, Marisa descubre una vez más que Jacinto le aburre.

-¿Vino tu mamá?- pregunta Jacinto.

-¡Nooo, no vino. Tuvo que viajar.- (en realidad vino temprano y quedaron de encontrarse en el centro.)

Otro día: -¡Yo quería comer milanesas!- dice Jacinto.

-¡Busqué carne por todos lados y no encontré!- (Lo que ocurre es que engordan y si traigo me tiento.)

- ¿Me llamó alguien por teléfono?-

-¡ No! ¡Nadie!- (Mientras menos idiotas vengan, habrá más lugar para gente divertida.)

Así, con la suegra, con su madre, con Jacinto y los vecinos...Pronto se va desdibujando para Marisa lo que es la realidad, de la fantasía estúpidamente fabricada por ella. Consigue lo que quiere: manejar a las personas a su antojo.



Marisa cumple con su último capricho. Ahora trabaja. Miles de mujeres hacen lo mismo en forma responsable, pero para Marisa es lo nuevo, la excitación de conocer gente diferente.- ¡Escapar del hogar y de la adoración cansadora de Jacinto!-

Se sabe linda y siente las miradas codiciosas de algunos de sus compañeros de trabajo. Coqueta e irresponsable disfruta de su libertad. Entre todos es Jorge el más audaz y el que realmente le agrada.

- ¡Marisa! ¿Vamos juntos? Vivimos en el mismo barrio y está como para caminar por horas..-

Marisa acepta y es Jorge su compañía diaria.

-¿Viniste sola?- pregunta Jacinto. Es una excusa para conversar de algo con su brillante esposa.

-¿Con quién quieres que venga? ¡Sola! ¡Mirá si voy a venir con alguien!- Jacinto mira desconcertado.

A veces hace una pregunta porque le duelen los silencios. No porque dude de ella...la ama como el primer día.

Ella adopta actitudes cada vez más desenfadadas. Hay ausencias significativas, llamadas telefónicas, contesta con una réplica airada a cada pregunta o comentario de Jacinto.

Mientras los tonos de los chismes queman veredas y pasillos...pero no llegan a oídos del buen hombre.



Una tarde Marisa llega antes. Se sorprende al encontrar a su esposo a esa hora. Para esto Marisa, ha cambiado de vestuario y luce abiertamente provocativa.

-¿Vos aquí?-

- ¡Sí, querida! Mi jefe viajó y nos dio las dos últimas horas libres.- se quedó mirándola atentamente.

-¡Mírame! ¡A los ojos!- dice Jacinto.

Marisa algo asustada piensa:" -¿Qué querrá este idiota? ¿Descubrir la verdad en mi mirada?-"

- Esas pestañas...¿siempre las tuviste así?- miró a Marisa asombrado, sin darse cuenta que eran postizas.

Ella, acostumbrada a mentir y a que en seis años de matrimonio nunca había sido descubierta, dice sin titubear:

-¡Pero sí! ¡Siempre fueron así de largas! ¡Lo que pasa es que cada día te fijás menos en mí!- con semejante reproche el noble Jacinto se acordó de traer flores y bombones durante un mes seguido...hasta que su presupuesto estuvo en rojo.



Es de noche. Marisa entra. La casa está a oscuras. El saco de Jacinto está sobre el sofá. Se respira un clima tenso en el departamento. Solamente la luz del baño está encendida.

- Lo sabe todo.- se dijo Marisa.

Piensa en la furia de los mansos comentada tantas veces y en los afilados cuchillos japoneses de la cocina. - ¿Y si los controlo antes? - no se animó.

Recuerda la pistola que está en el cajón de la mesa de luz y siente escalofríos.

Decide enfrentar lo que sea y entra al baño como si nada.

Jacinto tiene las manos en la espalda...y la espera.

-¡Sabía que eras capaz de mentirme!- bramó.

A Marisa le parece ver el arma a través del hombre, percibir su brillo, su brillo metálico.

Rompe a llorar desconsoladamente confesándole todas sus infidelidades y mentiras. Lo hace pesando que son sus últimos minutos de vida.

Jacinto la escucha perplejo.

Cuando termina de hablar Marisa, él adelanta una mano que sostiene una pestaña postiza y le dice con tono compungido.

-¡Yo sabía que eran postizas!-

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Referencia

* Tercer Premio en Cuento Certamen Nacional "Alvear Abrazo de Caminos" Gral Alvear. Mendoza- !996.

* Mención Especial en Cuento- Certamen Patagónico "Muestra de Trabajos Literarios "Biblioteca Manuel R. Novillo"- Año 1996.

Esta obra integra mi primer libro “Esperá que te cuento”- Año 2000.- Presentado en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires- Argentina-